Gestión Pesquera

Una pesquería gestionada y regulada en base a la ciencia

Cómo se gestionan las pesquerías

La gestión internacional del pez espada, la tintorera y el marrajo se basa en un modelo de gobernanza multinivel: los científicos evalúan el estado de las poblaciones, las RFMOs adoptan medidas de conservación y los Estados implementan sistemas de control para garantizar su cumplimiento.

Las poblaciones de especies altamente migratorias, como el pez espada, la tintorera y el marrajo dientuso, recorren miles de kilómetros a través de océanos, zonas económicas exclusivas de distintos países y amplias áreas de alta mar. Por ello, su gestión no puede depender de un único Estado, sino que requiere mecanismos de cooperación internacional basados en la ciencia.

La gestión moderna de las pesquerías se fundamenta en el principio de que las decisiones deben adoptarse utilizando la mejor información científica disponible. Esto implica recopilar datos sobre capturas, esfuerzo pesquero, distribución geográfica, estructura de tallas, biología reproductiva, crecimiento, relaciones talla-peso, madurez y abundancia de las poblaciones.

A partir de estos datos, los científicos realizan evaluaciones de stock para determinar el estado de las poblaciones, estimar su capacidad de recuperación y calcular niveles de captura compatibles con la sostenibilidad a largo plazo.

Posteriormente, los gestores y los gobiernos utilizan estas evaluaciones científicas para adoptar medidas de conservación y ordenación, tales como límites de captura, cuotas, tallas mínimas, vedas espacio-temporales, restricciones de artes de pesca o planes de recuperación.

La gestión de estas especies se apoya en un sólido marco jurídico internacional. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) establece los derechos y obligaciones de los Estados respecto a la conservación y utilización sostenible de los recursos marinos. Posteriormente, el Acuerdo de las Naciones Unidas sobre las poblaciones de peces de 1995 reforzó la obligación de cooperar para la gestión de especies altamente migratorias y poblaciones transzonales, promoviendo un enfoque precautorio y basado en la evidencia científica.

Este marco reconoce que la alta mar es un espacio con regulación. Los Estados tienen la responsabilidad de cooperar y de garantizar que las actividades pesqueras se desarrollen de forma sostenible. La aplicación práctica de esta cooperación internacional se realiza principalmente a través de las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (RFMOs, por sus siglas en inglés). Estas organizaciones reúnen a los países con intereses pesqueros en una determinada región oceánica y son responsables de adoptar medidas de conservación y gestión basadas en las recomendaciones científicas.

Las principales RFMOs que gestionan el pez espada, la tintorera y el marrajo dientuso, entre otras especies, son: ICCAT (Atlántico y mares adyacentes), IOTC (Océano Índico), WCPFC (Pacífico occidental y central) y IATTC (Pacífico oriental).

Aunque las decisiones finales son adoptadas por los Estados miembros durante las Comisiones de las RFMO, el objetivo es que dichas medidas se fundamenten en la evidencia científica disponible.

La sostenibilidad no depende únicamente de establecer normas; también requiere mecanismos eficaces de control y seguimiento. Por ello, las RFMOs y los Estados aplican sistemas de vigilancia que incluyen: Sistemas de seguimiento de buques por satélite (VMS), Sistemas de identificación automática (AIS); Cuadernos electrónicos de pesca; Declaraciones de captura y desembarque; Programas de observadores científicos y de control; Control de transbordos; Inspecciones en puerto; Sistemas de documentación y trazabilidad de capturas; Listas de buques autorizados; Medidas contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR o IUU), entre otros.

La Unión Europea participa activamente en varias RFMOs y aplica sus decisiones a través de la legislación comunitaria. Los buques que operan bajo pabellón de un Estado miembro deben cumplir tanto las medidas acordadas internacionalmente como la normativa europea de control pesquero. Además, la Unión Europea dispone de uno de los sistemas de control y trazabilidad más desarrollados del mundo.

Cuando una evaluación científica detecta que un stock requiere medidas de conservación o recuperación, la respuesta no suele consistir en cerrar automáticamente la pesquería. La gestión pesquera moderna se basa en la aplicación de planes de gestión y planes de recuperación, herramientas que permiten adaptar la actividad pesquera al estado del recurso y garantizar su sostenibilidad a largo plazo.

Estos planes establecen objetivos biológicos concretos, puntos de referencia científicos y una serie de medidas de gestión que pueden incluir ajustes en las cuotas de captura, limitaciones del esfuerzo pesquero, vedas temporales y/o espaciales, mejoras en la selectividad de los artes de pesca y sistemas reforzados de seguimiento y control. Su finalidad es favorecer la recuperación de los stocks cuando sea necesario y asegurar que las poblaciones se mantengan en niveles biológicamente sostenibles.

La gestión de las pesquerías debe encontrar un equilibrio entre la conservación de los recursos marinos y la continuidad de una actividad esencial para el abastecimiento alimentario, el empleo y el desarrollo de numerosas comunidades costeras. Por ello, las decisiones de gestión suelen aplicarse de forma gradual y adaptativa, basándose en el mejor conocimiento científico disponible y en evaluaciones periódicas que permiten comprobar la evolución de los stocks.

En este contexto, la existencia de una población sobreexplotada o sometida a sobrepesca no implica necesariamente la paralización inmediata de la actividad pesquera. Lo relevante es que existan medidas de gestión eficaces que permitan reducir la presión sobre el recurso y favorecer su recuperación, garantizando al mismo tiempo la viabilidad social y económica de la pesquería.